(10 de marzo de 2021)
Por Juan Serna

En el momento en que nos disponíamos a mandar este n.º 6 del Cuaderno Extremeño a la imprenta, nos llega la noticia de la muerte de Valeriano Ruiz. Hacía ya unos días que la esperábamos, hasta que al final se produjo ayer de forma irremediable, tal y como nos lo anunció Pepi, su mujer. Un cáncer implacable puso fin a una vida ejemplar desde cualquier punto de vista que se la mirase.
Valeriano, extremeño emigrado a Andalucía, donde se convirtió en físico y más tarde en catedrático de Termodinámica en la Escuela de Ingenieros de Sevilla, era de Higuera la Real, pueblo al que volvía junto a Pepi todos los fines de semana que podía, a ese molino de ensueño donde sus amigos fuimos muchas veces a disfrutar de la naturaleza, de sus “inventos solares” y de las tertulias bajo una higuera de inolvidable recuerdo.
Su vinculación al Cuaderno Extremeño desde que lo dimos a luz nos deja ejemplos de artículos suyos memorables y, justo cuando estaba terminando el que deberían ustedes ver en este ejemplar que tienen delante, le sorprendió la muerte, tras una enfermedad que le había debilitado hasta impedirle su conclusión.
La historia de Valeriano ha sido apasionante desde el inicio de su existencia. Fue un pionero de las energías renovables y, sobre todo, de la solar de alta temperatura. Asumió diversas responsabilidades en la docencia, como bien saben sus alumnos. En la investigación, ahí está la Plataforma Solar de Almería, a la que tantos años dedicó. En la escritura técnica y científica, ahí están sus múltiples libros y artículos publicados. Y en el mundo de la divulgación, la promoción de iniciativas que muchas veces molestaron a sus propios compañeros de ideas y de militancia política, que no supieron aprovechar sus enseñanzas y su implicación en un modelo energético que tanto ha tardado en llegar. Tampoco las autoridades extremeñas supieron escucharle y tener en cuenta aquellas propuestas que empezó a plantear hace más de veinte años.
Como todos los grandes pioneros, tuvo que sufrir la indiferencia y el desprecio de los mediocres ―esos que se aferran al poder de su ignorancia y retrasan el desarrollo del verdadero progreso―, hasta que la evidencia de un modelo agotado y contaminado les ha hecho reconsiderar la cordura y la necesidad de implantar las ideas y las sugerencias de personas como Valeriano.
Se nos ha ido un amigo ejemplar, adelantado a su tiempo, que supo reírse de los triunfos académicos y disfrutar de la vida con la gente sencilla y con la parte de la comunidad científica que estaba más interesada en el conocimiento y en el saber que en el poder y la política.
Querido Valeriano, nos dejas un gran vacío en esta humilde publicación y un recuerdo que está ya grabado para siempre en sus primeros números, a los que tanto ayudaste con tu pluma y tu participación en los debates y hasta en la fiestas lúdicas y gastronómicas que hemos ido celebrando en tantos pueblos y ciudades de Extremadura, tanto de la interior como de la diáspora, de la que tú también formaste parte a pesar de que tu molino y tu pueblo te mantuvieron en todo momento atado a esta tierra.
Se nos ha muerto un gran amigo. Una gran persona. Un hombre cabal al que recordaremos siempre por su conocimiento, por su obra y por la sencillez con la que supo vivir la vida. ¡Valeriano y equipaje, buen viaje!


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