EL FESTIVAL DE CINE Y LA MINA DE CÁCERES

Juan Serna Martín

Uno se pregunta qué tiene que ver un festival de cine como el que se acaba de celebrar en Cáceres con la mina de litio que proyectan unos vampiros desde Australia a base de mentiras y sobornos a unas entidades que lo que tendrían que hacer es defender a una ciudad Patrimonio de la Humanidad de atentados como el que pretende perpetrar este engendro de proyecto.

Se supone que el buen cine ―y había algunos directores allí que han hecho buen cine― no tiene que sufragarse y promocionarse con dinero de una industria multinacional de actividades extractivas, contaminantes y peligrosas, cuyo aterrizaje en Extremadura daría para una buena película de Berlanga, aunque solo fuera por el fraude y las mentiras que nos llevan contadas desde que llegaron… Han cambiado de nombre, de promotores y de gestores unas pocas veces; también de modelo de mina, de uno a cielo abierto a otro en galería, cuyo proyecto no han enseñado todavía ni a la opinión pública ni a una Universidad en la que algunos lacayos se arriman al pastel del dinero y en la que otros, afortunadamente, denuncian esas mentiras y advierten de los riesgos que dicha actividad encubre en una ciudad que debería ser el orgullo de todos los extremeños.

Extremadura ha sido usada demasiadas veces por las grandes multinacionales como región a la que se traen iniciativas de alto riesgo y la convierten en soporte de contaminación. La cantinela siempre es la misma: grandes inversiones, progreso tecnológico, creación de muchos puestos de trabajo… Y todo ello envuelto en la opacidad más absoluta, además de en la violación de las leyes y, como en el caso del uranio y las centrales nucleares, en la corrupción a través de múltiples formas. 

¿Seremos capaces de liberarnos alguna vez de esa plaga o maldición que nos persigue y de hacernos respetar tanto en la legalidad de las normas que nos protegen ―o deberían protegernos― como en la elección de los proyectos que nos interesan? Sobre todo en cuanto al derecho a la hora de recibir una información veraz acerca de lo que realmente se pretende hacer.

Existen ya estudios y análisis desarrollados por técnicos competentes que demuestran los riesgos y las mentiras que se están empleando para convencer a la Administración y a instituciones como la Universidad, que deberían bastar para promover un debate público propio de una sociedad civilizada. Sin embargo, unos desalmados a los que les da igual que Cáceres sea Patrimonio de la Humanidad se empeñan en evitarlo a base de sobornar con “ayudas económicas” a entidades que nada tienen que ver con la actividad extractiva de estos que han optado por ponernos una mina de litio en el mismo costado de esta ciudad.

Extremadura tiene que saber responder a acciones como esta. Y sus organismos ―con el gobierno a la cabeza― y el movimiento ciudadano deben promover ese debate usando toda la información de que se dispone a fin de que se den todas las garantías para llevarlo a cabo.

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