Una cacerolada muy oportuna en Salvatierra de los Barros

Juan Serna Martín

Hace siete u ocho años nos quisieron poner un cementerio de residuos industriales “normales” y peligrosos en la puerta de la Serena. Lo llevaron en silencio, todo lo que pudieron, pero, en el trámite final, algunos ciudadanos nos enteramos de ello y reaccionamos gracias al apoyo de ADENEX.

Algunas autoridades estaban apoyando bajo cuerda al mencionado proyecto. Sin embargo, supimos implicar a algunas entidades y afectados y amenazamos con una fuerte campaña. De modo que las autoridades se asustaron y, finalmente, dieron marcha atrás con el proyecto ya a punto de aprobarse. La vicepresidenta de la Junta de Extremadura me llamó para comunicarme que no había sido aprobado.

Lo de Salvatierra de estos días ha sido una reacción fulminante ante el anuncio de un proyecto que solo puede traer perjuicios para ellos. La cacerolada, a los pocos días de saberse la noticia, no se hizo esperar y se ha puesto en pie gente de todo el entorno y hasta el propio Ayuntamiento, que no ha tardado en posicionarse.

Estamos ante el dilema de siempre: ¿Por qué tienen que pensar en Extremadura para traernos instalaciones que no quieren en otras partes? ¿Por qué nos intentan meter de tapadillo proyectos que no son anunciados porque da miedo hacerlo? ¿Por qué en aquellos territorios en los que se generan esos recursos no se les ocurre ni siquiera intentarlo? ¿Tan buena boca les suponen a los habitantes de pueblos pequeños que no vacilan en traerles lo que otros no quieren?

Ni la España profunda ni la Extremadura vacía están dispuestas hoy a tragarse proyectos contaminantes, tal como estamos viendo estos días en Salvatierra. Algunas autoridades se han apresurado a decir que serán muy exigentes con la tramitación; a lo que habrá que replicarles: ¡Exigentes, no. Es que no tendrían que estar tramitándolos siquiera!

Salvatierra acaba de dar un aviso a aquellos otros proyectos macabros que nos están acechando.

Que vengan proyectos interesantes para Extremadura, sí. Pero hay que enfrentarse a todos los que quieren utilizar el territorio como soporte de contaminación o como destrucción del patrimonio o de sus recursos naturales, por muchas limosnas que repartan entre los habitantes del territorio en el que pretenden instalarse.   

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