Juan Serna Martín
Dicen que con la crisis y la inflación la gente se asusta y entonces la derecha le tiende la mano al fascismo para que venga a salvarla. Otros dicen que tanto la una como el otro han sido siempre la misma cosa y que se disfrazan según les convenga. El asunto es que, en esta crisis galopante en la que nos encontramos, el giro electoral a la derecha, incluso en los países de mayor tradición democrática, parece ya un fenómeno generalizado. Y viendo los populismos y radicalismos de alguno de esos partidos, da cierto miedo esa tendencia… Porque dicha crisis, lejos de remitir, parece que aún no ha llegado por completo.
Si, además, a la crisis económica le unimos la crisis política que arrastra y a esta, el drama de la guerra en la que nos ha metido Rusia, el panorama es lo suficientemente feo como para estar muy preocupados. Y es que a los brotes fascistas que ya tenemos en varios países de la Unión Europea hay que sumar el crecimiento de la ultraderecha en Francia, Suecia y, ahora, en Italia (en un momento tan crucial como el que nos va a tocar vivir ahora). Convendrán conmigo en que la incertidumbre puede ser grande.
El cambio producido en el tablero político de la Unión Europea ―con el Reino Unido iniciando una nueva etapa que no sabemos cómo va a encarar― nos lleva a pensar en el reequilibrio que deberá producirse para evitar una crisis que podría ser letal en estos momentos tan delicados.
Presiento que a España le va a tocar jugar un papel muy importante en ese nuevo equilibrio de poderes, a pesar de que Pedro Sánchez no va a poder contar con una oposición constructiva, ya que la derecha española solo piensa en conseguir el poder a cualquier precio, sin importarle lo que viene detrás, que puede ser mucho más grave de lo que ellos creen y de lo que muchos podamos imaginar. Vienen momentos en los que será necesaria gente con lucidez y un verdadero sentido de Estado para evitar una catástrofe que nos haga retroceder hasta donde no podríamos imaginar.


Deja un comentario