EL PP DE ANDALUCÍA BARRE AL PSOE Y A LA IZQUIERDA. MIENTRAS TANTO, LA IZQUIERDA Y EL ECOLOGISMO FRANCESES SE LO PONEN DIFÍCIL A MACRON

Juan Serna Martín

Empezamos la semana con dos acontecimientos que van a invitar mucho a la reflexión. En Andalucía, sobre todo, pero también en España y en Europa. La mayoría absoluta del PP en Andalucía era algo que se veía venir. El PSOE ha hecho méritos sobrados para ello. Lo de los ERE (al margen de que Griñán y Chaves no hayan robado personalmente) tenía que pasar factura política. Y la pasó, fulminando a un socialismo que, aun habiendo hecho muchas cosas buenas en esa comunidad, también degeneró en un caciquismo grosero que se ha pasado por el forro la legalidad y ha asistido a su entierro sin siquiera pedir perdón.

La izquierda que ha acompañado a este PSOE no es mejor. Sin haber tocado poder, ha sido capaz de emponzoñarse en peleas estúpidas y absurdas para, a última hora, hacer un matrimonio de conveniencia que no se lo creían ni ellos. De modo que ¡cómo se lo iban a creer los andaluces! Los podemitas (como las Belarras y compañía) harían bien en quitarse de en medio (como hizo el Coletas) y dejar que otros menos conocidos, pero de izquierdas o ecologistas de verdad, acompañaran a Yolanda en su intento desesperado por recomponer el mapa político progresista. Si siguen aburriendo a los muertos, ya sabemos lo que nos espera…

Dentro del desastre para la izquierda española después de lo del domingo, la mayoría absoluta de un tipo como Juan Manuel Moreno es lo menos malo que podía pasar. No tener que pactar con los descerebrados de VOX es una lección tanto para una izquierda desnortada como para una derecha que no le hacía ascos a un fascismo declarado y con demasiados seguidores en este país. Los resultados de ayer pueden hacer pensar a muchos militantes del PP que no hay que echarse en brazos del totalitarismo, como han hecho en Madrid y en Castilla y León. Y a la izquierda en general, que ya está bien de broncas y puñaladas, porque, con un PP fuerte como el que habrá desde ahora, el Gobierno no puede ser un gallinero en el que cada uno vaya a su aire. Se impone un tiempo de reflexión en la izquierda con la mirada puesta en Francia; o se aprende de lo que allí ha sucedido al mismo tiempo que en Andalucía o tendemos derecha para rato.

En un momento tan difícil como el que se está viviendo en toda la humanidad, si los que se consideran progresistas no dejan de hacer el gilipollas, serán los responsables de muchos de los males que nos sucedan, que no serán pocos.

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