Juan Serna Martín
Este concepto que, en principio, podría ocurrírsele a cualquiera (yo mismo lo he utilizado en más de una ocasión) lo tomo de una entrevista al economista Santiago Niño Becerra que, de vez en cuando, pone los pelos de punta. En esa misma entrevista dice este doctor: “La tecnología será la protagonista indiscutible, lo que viene es otra galaxia y un nuevo orden mundial”. O sea, carpe diem, mejor aprovechar el presente sin esperar al futuro. Y se agarra a otro concepto de moda, el de la resiliencia, mientras nos deja claro que el mundo que conocemos irá desapareciendo y será reemplazado por otro en el que el poder lo tendrán las grandes corporaciones y no los Estados.
No quiero deprimirles con otras cosas que dice y por ello me pongo a pensar en otros tiempos en los que nos mofábamos de las predicciones de los tecnócratas, como cuando decían que el mejor indicador de progreso era llegar al 3 % de población activa agraria. Los críticos llevábamos razón; sin embargo, ellos llevaron este objetivo hasta sus últimas consecuencias y nos trajeron esta mierda de sociedad de alimentos tóxicos y de basura y residuos.
También hace tiempo que descubrimos el poder de las multinacionales, cuando les cantábamos aquello de “Qué buenas son las multinacionales, porque nos traen centrales nucleares…”; pero lo cierto es que nuclearizaron a medio mundo, se produjeron desastres que todavía tratan de encubrir y, pese a todo, aún hoy quedan muchos necios que las defienden.
Con todo, en este nuevo siglo se han producido y, sobre todo, se están produciendo en estos momentos una serie de acontecimientos que nos están llevando a los radicales de siempre a la creencia de que, finalmente, algunos sectores de la comunidad científica y del capitalismo más civilizado se sumarán a las grandes reformas pendientes, si no tanto por solidaridad, al menos sí por instinto de conservación, o sea, por salvar el pellejo, para entendernos.
Si ahora resulta que las grandes corporaciones, las que controlan la tecnología, la energía, los alimentos, las armas, etc., van a doblegar de nuevo a los Estados y a frenar las reformas necesarias como el aire que respiramos, el panorama no puede ser más sombrío.
Siempre hubo gente que luchó contra todo tipo de adversidades y alentó los cambios que mejoraron el mundo. Y también es cierto que siempre ha habido otros criminales históricos que han sembrado muchas partes de sufrimiento, terror y holocausto. Los que hacemos esta sección sabemos que lo rural y lo urbano van a tener que convivir necesariamente. El asunto es que cada una de estas culturas sepa coger lo bueno de la otra hasta lograr un equilibrio inteligente. Que la tecnología ocupe todo el espacio que sea necesario, incluido el de la cordura. Y que el nuevo orden mundial que estos cambios y reformas nos traigan no deje espacios a dictadores ni a criminales de ningún tipo. Y, al final, que cada uno viva donde quiera, sea en el campo, en el pueblo o en la ciudad. Sobra espacio para todos.


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