Sobre la nueva variante inglesa del coronavirus pandémico

Por Agustín Muños Sanz –

Aunque el coronavirus pandémico muta menos (entre dos y seis veces) que los virus gripales estacionales (verdaderos profesionales de la mutación permanente), han surgido otras muchas mutaciones (más de 13.000) hasta ahora, casi todas intrascendentes, alguna de las cuales origina una nueva variante del virus. La última, desde Gran Bretaña (UK), presenta al menos diecisiete mutaciones. El origen geográfico no está muy claro (se dice que comenzó en Brasil en abril de 2020) y fue detectada en el condado de Kent (UK) el 20 de septiembre de 2020.

Lo cierto es que está barriendo Inglaterra (sobre todo el sur y el suroeste) y se ha detectado en Dinamarca, los Países Bajos y Australia. Una variante muy similar acapara el 90 % de los casos en Sudáfrica. Es razonable pensar que se extenderá por todo el mundo. Esta mutación ha motivado el cierre de Londres y la reacción bloqueante de vuelos de muchos países europeos. Hasta el momento, y hasta donde se sabe, parece que la nueva variante se difunde con extrema facilidad, sin aumentar la virulencia (o la capacidad de dañar). Es posible que se transmita un 70 % más con un incremento de su poder epidémico. Pero, además del virus, hay que hablar del factor humano. Tiene una gran importancia en el desastre epidemiológico británico y mundial (USA y Brasil son una hecatombe). Londres y otras zonas han sido un verdadero caos epidemiológico por la falta de respeto a la pandemia: aglomeraciones, ausencia de mascarillas, etcétera. Un dato de gran interés es que afecta a todos los grupos de edad, pero es más frecuente en los menores de 65 años.

Hasta donde se sabe, no se ha demostrado una mayor agresividad clínica (casos más graves, mayor letalidad) de la nueva variante que acoge la mutación N501Y. Ni parece que, por ahora, afecte a los actuales y poco eficaces tratamientos ni a las esperanzadoras vacunas de ARNm disponibles en el mercado occidental. No obstante, es muy pronto para sacar conclusiones. El tiempo dirá. Podría ocurrir que el azar decida que el virus aprenda a eludir los mecanismos de defensa inmunitaria de los humanos. En tal caso, el futuro sería, cuando menos, de vacunación anual, o cada cierto tiempo. Como contra la gripe estacional. Tampoco se barrunta el efecto que la presión de las vacunas pudiera tener en la capacidad mutante adaptativa del virus. Las mutaciones del SARS CoV-2 que infecta a los humanos provocando la Covid-19 existen y seguirán apareciendo en el futuro. El virus continuará mutando porque su lema vital, escrito en las cuatro letras de su largo código genómico, es muy claro: mutar o morir. Lo malo es cuando las mutaciones víricas acarrean la muerte de otros. No parece descabellado vacunarse cuando toque.

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