Reflexiones sobre las realidades de la 5G en la situación presente

Por Joaquín Sánchez Gallego –

Como se ha dicho en diferentes intervenciones en todos los medios, la pandemia de la covid-19 ha sido un catalizador para acelerar la implantación de nuevas tecnologías que den un servicio más ajustado, preciso y eficaz en el sector sanitario. Sin embargo, también otros sectores industriales adquieren e innovan en el uso de las nuevas tecnologías para poder seguir siendo competitivos: en el de la automoción, la logística,  el agroalimentario, el retail, etc. Aunque en esta reflexión solo me voy a ocupar de las tecnologías de las telecomunicaciones.

Mucho se está hablando de la tecnología inalámbrica 5G, y estamos viendo cada vez más campañas de marketing y publicidad directa de los diferente actores que juegan un papel relevante en el Sistema de Valor de las Telecomunicaciones: proveedores de tecnología 5G (Huawei, Ericsson, Nokia, Cisco, Samsung, Qualcomm,  NEC,…), operadores (en España: Telefónica, Vodafone, Orange, Más Móvil), fabricantes de teléfonos inteligentes (Apple, Samsung, Sony, Xiaomi, entre otros muchos), empresas, instituciones, autónomos y usuarios en general. Este marketing está propiciado con el fin de fomentar el desarrollo del nuevo negocio que supone la 5G. Los proveedores de tecnología se alían con los operadores; estos con los fabricantes de terminales, y estos, a su vez, con los consumidores, el eslabón final de la cadena del negocio. Se pueden ver todos los días anuncios publicitarios en diferente medios donde los fabricantes de terminales, bajo solo su marca o en unión con la marca de un operador, están motivando a la compra de sus teléfonos inteligentes, con la 5G previamente instalada, a precios muy maquillados (de alta gama, casi siempre) para motivar al usuario ávido de mayores prestaciones a comprarlos, a pesar de que el servicio verdadero y definitivo de la 5G no exista todavía y todo esté montado sobre la infraestructura de la 4G, aunque con ciertas mejoras.

El caso es generar negocio cuanto antes, ser el primero compitiendo, afianzando marcas, para, así, generar más ingresos e ir financiando el desarrollo de las tecnologías complementarias y las infraestructuras necesarias para llegar al 5G final: la tierra prometida.

Muchas personas preguntan y muestran su confusión a la hora de distinguir diferentes opciones sobre las redes de banda ancha. Tanto la ADSL (en menor medida y con limitaciones) como la fibra óptica y la 5G son redes de banda ancha. Dejando a un lado la ADSL por su progresiva obsolescencia, fijemos algunos aspectos importantes sobre las otras dos:

  • La fibra óptica tiene una aplicación insustituible para las redes de comunicaciones fijas en empresas y hogares (tanto por cable directamente conectado al router como por Wifi) dentro de ellas.
  • La fibra óptica y la 5G tienen que coexistir, ya que la primera actúa como canal de enlace entre las diferentes centrales de emisión 5G, ya sea a nivel de ciudades, de puntos carreteras, de puntos de vías de ferrocarril, conexiones entre países o entre continentes.
  • La velocidad de la 5G vendrá siempre limitada por la velocidad máxima que la fibra óptica le proporcione.
  • En muchos casos, la 5G no tendrá cobertura en muchas calles, lugares o edificios si estos en sus terrazas no han sido dotados de centrales 5G, cajas (en lugar de torres como en la 4G) y otros dispositivos necesarios como:
    • estaciones de corto alcance que permitan esquivar obstáculos,
    • dispositivos MIMO (que permiten Múltiples Entradas con Múltiples Salidas),
    • conformadores de haces para enviar las señales en todas las direcciones y
    • Full Dúplex mejorados (comunicación bidireccional en tiempo real).

El Consejo de Ministros del pasado 1 de diciembre aprobó una inversión de 4320 millones de euros hasta 2025 para los planes de impulso a la banda ancha fija y a la móvil 5G.

El primer plan es para la Conectividad y las Infraestructuras Digitales de la Sociedad, la Economía y los Territorios, de 2320 millones, y tiene como metas:

  • Alcanzar la cobertura del 100 % de la población con redes de banda ancha fija de alta velocidad (el 46 % con fibra óptica; el resto, ADSL) en centros urbanos, zonas despobladas, centros de referencia y asistenciales, con una velocidad mínima de 100 Megabits por segundo para el 100 % de la población.  Hoy está disponible solo para el 84 % y dentro de un año lo estará para el 91 % de la población.
  • Conectividad para las empresas en los entornos de centros logísticos o parques empresariales, alcanzando la velocidad de 1 Gigabit por segundo desde hoy y hasta 2025.
  • Mejora de la conectividad de las infraestructuras digitales transfronterizas.

El segundo plan es para el impulso de la tecnología 5G, de 2000 millones, y tiene como metas:

  • La disponibilidad de la banda de frecuencias de 700 Megahercios, específicamente apropiada para las comunicaciones inalámbricas 5G (a propósito de esto, el pasado 16 de este mes el Gobierno comunicó que este espectro de frecuencias saldrá a subasta en el primer trimestre de 2021).
  • Establecer medidas de apoyo al despliegue de redes a fin de alcanzar el 75 % de la población española con cobertura 5G, así como la cobertura 5G ininterrumpida en las principales carreteras, ferrocarriles y puntos singlares, como aeropuertos.
  • Incorporar medidas para crear un marco regulatorio jurídico español que propicie un clima inversor en común con la UE, como es la Ley de Ciberseguridad para proteger la privacidad.

Telefónica, bajo la voz de su presidente, Emilio Gayo, afirmaba a finales de noviembre de este año que el despliegue de la nueva tecnología 5G en el país obligará a las operadoras a invertir más de 6000 millones de euros solo en infraestructuras.

Conclusiones:

  • El anuncio hoy a bombo y platillo de que tenemos en más de diecinueve ciudades instalado (como dice Vodafone) el servicio 5G es solo un servicio incompleto que se apoya en la infraestructura de 4G y que está motivado por el afán de generar ingresos cuanto antes.
  • Que no existen las infraestructuras necesarias para la red 5G final prometida y que las inversiones están por hacer, tanto a nivel público como privado.
  • Que al menos ya existen planes anunciados por el Gobierno, que, esperemos, vayan a feliz término y en plazos apropiados de tiempo.
  • Que el espectro de frecuencia de redes 5G está todavía sin adjudicar.
  • Que la regulación jurídica de uso y seguridad de la privacidad está sin finalizar, aunque sí es cierto que nuestras instituciones, operadores y proveedores de tecnologías están trabajando en ello exhaustivamente junto con la UE.
  • Que la adjudicación de las soluciones finales a los proveedores de tecnologías está por hacer (la intención del Gobierno es la de no discriminar a ninguno de ellos, aunque bien es verdad que se ven ya movimientos de algunos para la selección).
  • Que los intereses de los operadores entran dentro de un clima de competitividad, lo cual no deja de ser positivo.
  • Que todo este proceso de innovación en las comunicaciones es algo más que una evolución de la generación anterior. Es una transformación derivada de la Revolución Industrial 4.0 al posibilitar acciones que antes no se hacían, a actuar con milisegundos de latencia prácticamente en tiempo real, que permitirán la conexión entre objetos con unos niveles de eficacia no imaginados. Sin embrago:
    • Siempre nos debemos preguntar si la 5G es un producto realmente necesario. Hay sectores que serán muy beneficiados: el sanitario, el de la educación o la conducción autónoma de vehículos; a la hora de conseguir una mayor eficiencia en procesos de fabricación y agroalimentarios, en ciudades y casas inteligentes, con un tiempo de respuesta real mucho más corto y funcionando plenamente a medio plazo.
    • En el entorno del consumo de particulares, ¿de verdad que para bajar una película desde internet en pocos segundos, o conectarse varios jugadores a aplicaciones de entretenimiento, o pujar en el último momento en el mundo de las apuestas o utilidades similares, necesitamos adoptar esta tecnología? Siempre habrá́ consumidores que compren este producto, a pesar del valor añadido que encuentren, sea en el campo del ocio, del entretenimiento o del juego.
  • Pero la 5G no será rentable para los operadores de telecomunicaciones mientras no se incluya el sector de consumo de particulares en su cuenta de explotación a fin de que los resultados sean positivos en su estado final de pérdidas y ganancias.
  • Únicamente con los sectores profesionales que hemos citado antes, a los operadores no le salen las cuentas, especialmente porque la infraestructura necesaria requiere una importante inversión en equipos, soluciones y tecnologías adicionales y será prácticamente la misma, la use un sector o todos.
  • Para los consumidores en general, de nuevo, vemos que no compramos lo que más nos conviene ni lo que más necesitamos, sino lo que ellos nos quieren vender. No tengamos más prisas que las realmente necesarias; quienes sí tienen prisas de verdad son los sectores mas beneficiados y los proveedores de tecnologías y servicios asociados con la intención de hacer rentable el negocio que supone la implantación de esta tecnología.

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